Desterrado del mundo se fue a ninguna parte, quebrando así los corazones de sus princesas. Y ella esperó veinte años perdida en su ausencia, intentando ser sin su otra mitad. Averiguó día tras día el camino a seguir, hasta que el destino decidió que era el momento de que se reencontrasen.
Días para pensar que tu mano está cerca y puedo estrecharla.
Días en los que tu pecho me de el calor que me falta y la estabilidad de tus latidos, pausados y continuos, que me digan que puedo dormir tranquila.
Te marchaste demasiado pronto, o será que yo necesito demasiados días de ti. De cualquiera de las maneras yo no había terminado de disfrutarte... Pensaba hacerlo a lo largo de la vida.
Y ahora cuando regreso lo hago a una cama llena de ausencia y recuerdos. Tu vacío está por todas partes. Llueve hasta dentro de casa.
Cuando se cierra el telón y apagan las luces todo se vuelve océano y me lleva la corriente.
24 de junio de 2011
Todo el mundo ha sentido eso que te arranca la voz y la lanza contra la nada. Y te elevas poco a poco desde las profundidades, corriendo hacia la superficie para sentir las gotas de rocío de un atardecer en medio de la ciudad.
Al contraluz de una vela su dedo recorrió lentamente sus curvas de seda. Unas horas después, ese mismo cuerpo comenzó a cubrirse de pintitas. Pintitas pequeñas y uniformes dispuestas en lineas rectas. Pintitas que indicaban que al otro lado de la persiana había empezado un nuevo día. Laia se giró y entreabrió un ojo.
-¿Ya es de día?
Y como si de una niña se tratase, Marc se levanto y cerró la persiana del todo.
-No, sigue durmiendo, no te preocupes.
La besó la mejilla y siguió mirándola sin ver a través de la más absoluta oscuridad.
Cambio de estación, misma viajera. Esta vez han ido a recogerla, pero no está acostumbrada. Suele coger el metro, el autobús o ir caminando...
Encuentra sus ojos negros entre los del resto de la gente. La coge de la mano. Tampoco está acostumbrada a eso, pero le gustan esas cosas.
[Sigue estando bien recuperar escritos de antes.] Hoy te escribo a ti, que apenas me conoces. A ti, que te has acostumbrado a romper y a simular que arreglas. A ti que llevas años jugando a algo que no comprendo. A ti que le tienes preso y nadie comprende el por qué. Quien llega ahora y se encuentra todo roto porque tú, en tus arrebatos, perdiste el norte, o los papeles, o a alguien más bien.
¿Y dónde compro decisión para regalársela?
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Algo de lo que te quiero enseñar:
Quiero enseñarte a jugar.
Quiero enseñarte lo nerviosa que me pones cuando hablamos.
Quiero enseñarte a admirar la belleza que jamás hubieses pensado encontrar en los lugares más remotos, en las cosas más pequeñas.
Quiero enseñarte a disfrutar de la vida.
Quiero enseñarte que no todo el mundo vive amargado.
Quiero enseñarte a no conformarte con lo que tienes, aunque sea a lo que estás acostumbrado.
Quiero enseñarte que puedes contar conmigo.
Quiero poder demostrarte que no me canso de tus labios.
...algo toca el resorte, como un botón que activa eso que faltaba.
Había estado un poco preocupado. Volvió a salir, pero también es cierto que había algo diferente… Claro que se lo pasaba en grande, y disfrutaba como el que más, pero se había dado cuenta de algo y lo intentaba mantener en secreto: Se había olvidado de cómo bailar.
De repente la vuelta a la normalidad no había sido completa, estaba oxidado, no sabía bailar. ¿Cómo se olvida eso? ¿Cómo se recordaba algo que hasta entonces había hecho de manera instintiva? Nadie le había enseñado nunca, simplemente le salía del interior, lo llevaba dentro como una fuente que emanaba luz cada vez que sonaba la música, y por eso se asustó.
Pensó en tomar clases, y que mientras tanto disimularía con excusas. Sin embargo, un día que salió a dar una vuelta se encontró con antiguas amigos y para ponerse al día se lo llevaron a tomar algo… y así, en medio de la noche, se dio cuenta de que había vuelto. Ya era algo completo, su vuelta. Volvía a bailar, y eso le devolvió la vida, porque ni siquiera él se dio cuenta de en qué momento empezó, pero allí estaba de nuevo. Y se sintió pleno.
Un niño pequeño. Dentro de un círculo de tiza. A unos metros de él pintan una raya en el suelo, y al otro lado colocan un montón decaramelos.
Caso uno: Le dicen que solo puede cruzar la raya una vez y coger solo un caramelo. Aunque quiera cruzar y quedarse al otro lado para comerse los caramelos despacio, y disfrutar todos y cada uno de ellos, sabe que no puede. La única norma que hay solo le deja ir a por uno.
Caso dos: El niño, en su círculo de tiza, no sabe nada, así que se levanta, y va a por uno. No sabía que había caramelos tan ricos… y cuando vuelve a entrar en su círculo, y ya está pensando en volver a cruzar la dichosa raya a por otro caramelo, entonces viene alguien y le dice que no puede, y le cuenta la norma.
Si fueras ese niño ¿Cruzarías a coger solo uno aún sabiendo que no vas a poder volver a cruzar? Al menos te planteas en el caso uno.
- ¿Acaso te crees que por andar acostándose con una diferente cada fin de semana está menos triste? ¿Que sus penas son menos penas? No te confundas. Le he visto llegar a las tantas, servirse una copa y tirarse en el sofá durante horas con los ojos empañados.
Miró hacia atrás y todo se había vuelto borroso. Se había difuminado tanto que era incapaz de encontrar lo que buscaba. Todos los recuerdos estaban mezclados, se disolvían, se fundían unos con otros, y no encontró la respuesta a la pregunta por la que se había vuelto a mirar.
Qué desconcertante fue la sensación de que esa parte de su pasado desaparecía.
El mundo se detuvo, pero solo para ella, porque las horas siguieron pasando, parecía que volaban y ninguno de los dos tuvo tiempo de verlas pasar. Se hubiese quedado en ese sofá para siempre, tranquila, como hacía mucho tiempo que no estaba. Pero por más que luchara y se empeñara con todas sus fuerzas por permanecer despierta, el sueño se fue apoderando poco a poco de su cuerpo, de su mente. Y le pareció que el tiempo seguía parado, pero era de día. Podía ser todo así de sencillo, tan sencillo como quedarse dormida. Pero ni esto era un principio ni era un final... ni siquiera es todo lo que ocurrió.
Hubo un terremoto inmenso, sin más, y todo empezó a derrumbarse. El mundo se cayó tan rápido que apenas tuvo tiempo de ver cómo ocurría. Ella corrió a casa y se escondió, y fue lo suficientemente rápida como para cerrar la puerta antes de que el terremoto destrozase su cuarto también. No quiso volver a salir. Sabía que el mundo, tal y como lo conocía, había desaparecido... así que ¿para qué molestarse?